Un desastre a cámara lenta

Karogoli Elias se despertó con el mismo sonido con el que se había quedado dormido: el tamborileo monótono de la lluvia intensa sobre el techo de hojalata de su chabola, en el suburbio de Janqwani, donde vivía con su mujer y sus hijos.

En las zonas afectadas por la sequía, el sonido de la lluvia trae la promesa de la supervivencia. Sin embargo, en Janqwani ese mismo sonido auguraba un desastre. Millones de gotas diminutas que se convertían en charcos, y torrentes y lagos. En cuestión de horas, ya eran un mar que empezaba a deformar las casas de los suburbios, frágiles e improvisadas.

Al principio, los residentes de Janqwani luchaban para evitar que el agua inundase sus comercios y sus casas, pero pronto se dieron cuenta que solo podían rendirse y escapar de la subida de las aguas. “De haber sabido que Janqwani se inundaría jamás me habría instalado aquí”, explica Karogoli Elias.

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