Los católicos hispanos defienden el mensaje del cambio climático del Papa

Una mañana de junio, el padre Rob Yaksich, exguarda forestal antes de escuchar su vocación y convertirse en cura católico, presidía su primera misa dominical en la histórica Basílica Catedral de San Francisco en Santa Fe, Nuevo México. Ese día, el tema de sermón era el poder de la difusión de la fe. “Piensen en la semilla de mostaza”, exponía a los feligreses que asistían a la misa matinal en español. “Todos llevamos pequeñas semillas de mostaza de fe en nuestros corazones. Esa semilla de mostaza crece y si se nutre, se convierte en un gran árbol”.

Aquí las raíces de la Iglesia católica son muy profundas; Nuevo México se considera uno de los estados más católicos desde el punto de vista cultural. La primera misión franciscana permanente se encuentra en la actual Santa Fe, rodeada por la sierra de la Sangre de Cristo.

El poder de estos creyentes católicos se pondrá a prueba dos veces, con el radical mensaje del Papa Francisco sobre el cambio climático en la economía global y su llamada para dejar de utilizar combustibles fósiles en aras de proteger a los pobres.

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