Guerras próximas: economía, política y cambio climático

Economía, política y cambio climático

En el segundo semestre de 2010, una sequía severa llevó al gobierno ruso a suspender las exportaciones de cereales, porque la cosecha se redujo y se intentaba que no hubiera faltantes de alimentos para la población local. La medida afectó a varios países, entre ellos Egipto, quien importa la gran mayoría de los cereales que consume desde el gigante euroasiático. La tensión que se generó a posteriori por la escasez de comida fue un condimento central en la revolución egipcia. El efecto del cambio climático en un lugar del planeta tuvo consecuencias geopolíticas de magnitud a miles de kilómetros de distancia.

Eventos de este tipo hacen que la discusión por el impacto de la contaminación exceda su ámbito tradicional de «militantes ecologistas contra industrias contaminantes» y pase a tomar protagonismo en la agenda de seguridad de los países. Hay reportes en Inglaterra y Estados Unidos que hablan de «Clima de destrucción masiva» («Weather of mass destruction»), mientras que el vínculo entre aumento de la temperatura y conflicto es muy directo (y documentado) en algunos casos, como el de Darfur (en Sudán), que ya se cobró 200.000 víctimas. Personalidades como el físico Stephen Hawking llamaron a cambiar el foco desde el esfuerzo en la «guerra contra el terror» hacia el cambio climático.

Si el tema debe tratarse desde el prisma de la «seguridad nacional», sus aristas parecen mucho más complejas que las que había en la Guerra Fría, dice el experto en sustentabilidad Alejandro Litovsky, un argentino que estudió en la Di Tella y en la London School of Economics relaciones internacionales y sociología política, y que hoy es una referencia global en este tipo de agenda. «En décadas anteriores, había una certeza de «destrucción mutua asegurada» que previno a las potencias de iniciar un ataque: cualquiera que apretara primero el botón enfrentaría una represalia inmediata, con una aniquilación mutua como resultado final…

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