El desierto avanza silenciosamente sobre Santiago

No es la prioridad en la agenda ambiental del Gobierno, pero sus consecuencias son devastadoras para el país. La desertificación es producida por el humano y golpea directamente a la población más pobre. La tierra pierde riqueza, disminuye la agricultura, aumenta la sequía, la deforestación y la migración campo-ciudad. Todo esto ocurre en Santiago y sus alrededores. Una problemática para la que hay ciertos fondos internacionales, además de medidas a corto y mediano plazo ejecutadas por la Conaf, pero que exige planificación hacia el futuro, según los expertos. En la capital, donde vive más de la mitad de la población de Chile, este fenómeno ya comienza a sentirse en el prolongado calor del verano y la falta de lluvias en invierno.

El desierto avanza sobre la tierra. La zona más golpeada es África subsahariana y quienes las sufren son aquellos que viven en pobreza. La desertificación no solo produce guerras territoriales por el control del agua, con sus respectivas matanzas y violaciones, sino que también hambruna y enfermedades. “Sus víctimas se convierten en refugiados, desplazados internos y emigrados forzosos”, dice el informe La desertificación, esa invisible línea de frente (2014), de la Convención de las Naciones Unidas en la Lucha contra la Desertificación (CNULD).

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