El cambio climático es una prioridad categórica

En la actualidad, las personas se ven con demasiada frecuencia obligadas a elegir entre hacer lo moralmente correcto o hacer lo económicamente beneficioso. De hecho, a veces sus opciones parecen ser mutuamente excluyentes, con lo que la decisión de qué vía seguir resulta excesivamente ardua. Sin embargo, a veces la rectitud moral y el interés económico confluyen y representan una oportunidad que no se debe desaprovechar. Así es –desde la perspectiva del arzobispo y del exministro de Hacienda que esto suscriben– en el caso de la reacción mundial ante el cambio climático.

El imperativo moral es indiscutible, pues los efectos del cambio climático –incluidos fenómenos meteorológicos extremos, cambios de temperatura y aumento de los niveles del mar– afectan más profundamente a los pobres del mundo, que son también quienes se han beneficiado menos de las actividades económicas que lo causan. Además, el cambio climático podría acelerar la pobreza y la desigualdad en el futuro, con lo que, a no ser que lo abordemos con prontitud, reducirá –o incluso eliminará– las posibilidades de que las generaciones futuras logren sus objetivos de desarrollo. Hacer todo lo posible para reducir al mínimo el cambio climático hoy es, pura y simplemente, lo correcto.

Leer el artículo completo en ElTiempo.com

Compartir:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *