Los conflictos que incendian el mundo

el mapa del mundo pintado en las manos

La declaración de los derechos humanos cambió el mundo, pero ya va siendo hora de que se firme otro memorándum, el de las obligaciones humanas, que garantice la vida de las generaciones futuras. Tenemos el deber de dejar otro mundo mejor a quienes vienen detrás y para eso la lucha por la paz y por reducir el calentamiento global deben estar en primera línea de batalla. Esas dos ideas sintetizan los alegatos que anoche protagonizaron la politóloga iraní Nazanín Armanian y el filósofo Jostein Gaarder en el foro Enciende la Tierra, organizado por la Fundación CajaCanarias, y moderado por la periodista Verónica Galán. El estado del planeta es una responsabilidad compartida, con los demás, pero también con el futuro.

Armanian y Gaarder vinieron a hablar de temas distintos -el cambio climático y los conflictos armados- pero sus discursos acabaron confluyendo en un punto común: hasta dónde llega nuestra ética y el valor que le damos a la vida ajena, a la de nuestros semejantes contemporáneos, pero, también, a la de los que habitarán el planeta cuando nos hayamos ido. «Tendemos a olvidar a nuestros descendientes, pero ellos nunca se olvidarán de nosotros. Solo debemos usar recursos no renovables mientras allanamos el camino para que futuras generaciones puedan vivir sin ellos», subrayó Gaarder.

El filósofo noruego, que se hizo muy popular tras publicar a principios de los años 90 «El Mundo de Sofía», se ha centrado durante los últimos años en estudiar el impacto del hombre en el clima y advertir, en libros y conferencias, de que, si no se toman medidas ya, la tierra que heredarán nuestros nietos será muy distinta -peor- a la actual. «¿Sobreviviremos al tercer milenio?», se cuestionó. El pensador está convencido de que «observar el entorno no es una responsabilidad» sin conciencia y que «si la literatura y la filosofía son una celebración de la conciencia, ¿no deberían entonces defender al ser humano del exterminio?».

Armanian también quiso dar respuesta, a su manera, a la pregunta que se hizo Gaarder. La activista iraní huyó de su país y acabó obteniendo refugio en España cuando tenía solo 22 años. No disponía de permiso de trabajo y tuvo que vender pendientes hechos por ella misma para salir adelante. Hoy es una reputada experta en Oriente Medio y el Norte de África que hace activismo en favor de los derechos de la mujer siempre que puede. Su exposición de ayer se centró en «desmontar» la imagen que tiene Occidente de Oriente Próximo y Oriente Medio y evitar que los recursos naturales sigan dibujando mapas de muertes, violaciones, tráficos de personas y, también, refugiados climáticos. Recordó que países como Irán o Afganistán no han tenido siempre una tradición político-religiosa y que la presencia del islam en las instituciones de esos países es relativamente nueva. En su opinión, no hay dudas del papel que ha tenido Estados Unidos en que esto sea así desde antes de que la Unión Soviética se desmoronara. Los intentos de que la zona no sufriera un contagio fueron la excusa para que los americanos desestabilizaran gobiernos y fomentaran golpes de estado, permitiendo que la religión se instalara en las administraciones.

«Estados Unidos ha desmontado todos los gobiernos laicos. Solo quedaba Siria y ya veremos quién sustituye al régimen de Asad». Armanian es consciente de que esos regímenes a los que se refiere eran dictaduras, pero cree que «la guerra siempre es peor». «En Oriente Medio había dictaduras políticas, la teocracia es algo nuevo para nosotros», insiste. «Es triste, pero la gente se acaba acostumbrando a una dictadura porque al menos puede comer, ir al médico… Si caen bombas, no; siempre es peor».

Esos «asaltos» han contribuido, «decisivamente», al retroceso de los derechos humanos, especialmente para las mujeres. «Estamos viviendo una militarización de la prostitución, por soldados y por el Estado Islámico», denunció.

Quizás por este cambio en la historia casi nadie sabe que las mujeres iraníes fueron pioneras en la celebración del 8 de marzo en 1920, un tiempo en el que el velo no era obligatorio y el uso del burkini era impensable. Ahora, en cambio, hay penas de hasta cuatro años para una mujer que no lleve el cabello cubierto.

Entre las guerras que creamos y la tierra que estamos destruyendo, el futuro puede parecer oscuro. Sin embargo, tanto Gaarder como Armanian no plantearon pronósticos catastrofistas. Hicieron justo lo que busca este foro, que en esta edición cumple nueve años de vida: encender la luz para que veamos lo que ocurre cuando aún estamos a tiempo de cambiarlo. La primera no se cansó de decir que la única solución es seguir luchando por la paz – «no hay otro camino»- y el segundo que nunca será pesimista – «sigo creyendo en un mundo con más humanidad».

Fuente: El día

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