«El cambio climático provocará 250 millones de refugiados»

Imagen tomada en 2015 de la inundación en la población de Eita, en Kiribati (Jonas Gratzer / Getty)

En muchos países, especialmente los menos ricos, la tierra se vuelve más árida, avanzan los desiertos, el ganado muere y los recursos hídricos disminuyen o se contaminan. Según los demógrafos, en pocos años, las actuales olas migratorias hacia Europa nos parecerán más bien modestas, en comparación con lo que nos depara el futuro.

En 2014, el Internal Displacement Monitoring Center (IDMC), del Norwegian Refugee Council, estimó en 19,3 millones de personas huyeron de sus hogares debido a catástrofes medioambientales. Los migrantes seguirán huyendo de guerras y crisis económicas, pero la razón principal de estos desastres será el cambio climático.

En 2010, una ola de calor y una sequía extraordinarias golpearon Rusia y Ucrania. Las cosechas de trigo se redujeron un 33% en Rusia y un 18% en Ucrania. Los dos países, entre los mayores productores de trigo del mundo, prohibieron o redujeron drásticamente las exportaciones.

El precio del trigo se duplicó en pocos meses, azotando en particular a los países de Oriente Medio y Norte de África. En enero de 2011 los manifestantes que en Túnez inauguraron las Primaveras Árabes, salieron a la calle agitando barras de pan.

Siria ha experimentado su peor sequía entre 2006 y 2011. La mayor parte del ganado murió y unos dos millones de personas abandonaron el campo para inundar las ciudades, sin trabajo. El agua se volvió un bien escaso y de difícil acceso. Las protestas fueron reprimidas con violencia, abriendo camino a la guerra civil, por la que la población siria está abandonando el país.

Jos Lelieveld, director del Instituto Max Planck de Química (Alemania), ha estudiado la posible evolución de las temperaturas en el cuadrante de Oriente Medio hasta 2100: ya en el verano de 2050, por la noche el termómetro no bajará de los 30° y al mediodía se fundirá a 46°, tocando los 50° a final de siglo.

Amplias áreas de Oriente Medio y Norte de África serán inhabitables y muchas de las 500 millones de personas que allí viven, podrían verse obligadas a emigrar.

Las guerras del futuro serán por el agua

Cada año en África se producen millones de muertes por sed, junto con muchas otras relacionadas con la falta de agua potable. Según una opinión muy compartida, las guerras del futuro, después de oro y petróleo, serán combatidas por el control de los recursos hídricos.

La región de Darfur, en Sudán , cerca del Chad, es una de las más afectadas por la sequía, el hambre y la pobreza en el continente africano (.)

El lago Chad, frontera natural entre Níger, Nigeria, Camerún y Chad, en medio siglo ha perdido cerca del 85% de su superficie, un drama para las más de veinte y dos millones de personas que viven en su cuenca. La sequía, las hambrunas y epidemias golpean también en Mauritania, Mali y Somalia, causando un éxodo incesante hacia los campamentos de refugiados y, para los más atrevidos y desesperados, hacia la ilusión de una nueva vida en Europa.

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El refugiado climático no está legalmente reconocido

La ONU estima que en la actualidad más del 60% de las emigraciones que se producen en el planeta se dan por huracanes, inundaciones o sequías y que serán 250 millones los refugiados climáticos dentro de 2050. La Oxford University también alerta del problema. Otros estudios, citados por la BBC, dejan la cifra en 200 millones.

Pese la certeza del drama y la alarma mundial, el estatus jurídico de refugiado climático no existe.

Paula San Pedro, de la ONG Oxfam Intermón, aclara que, “nosotros no les llamamos refugiados climáticos, porque es un concepto que no está presente en la Convención de Ginebra de 1951 y, por lo tanto, no tendrían derecho a la protección internacional; además, es muy difícil aclarar la condición de migrante climático, a menos que no sea un caso muy ejemplar como el de las islas del Pacífico”.

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Uno de los riesgos de obviar el problema medioambiental

Debemos considerar que las consecuencias del cambio climático son proporcionalmente mucho mayores para los países que poco o nada han contribuido a las emisiones de gases de efecto invernadero y que no tienen los recursos para adaptarse.

El diplomático británico Crispin Tickell, en 2007 ya avisaba de que “aquellos que tienen escasez de comida, agua y que no pueden desplazarse a países donde parece que todo es maravilloso, van a adoptar medidas desesperadas para tratar de conseguir sus objetivos. Debemos aceptar que la violencia entre comunidades y entre las naciones podría incrementarse”.

Extracto de la noticia publicada por Alberto Barbieri en La Vanguardia el 26 de julio de 2016

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